Concordia, Miércoles 23 de julio de 2014
 
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Adolfo Rocasalbas

El 1º de marzo de 1977, a casi un año de la sangrienta asonada cívico-militar que derrocó al gobierno electo por casi el 63 por ciento de los votos, alumbró en el perseguido y proscripto escenario sindical de la época la "Comisión Nacional de los 25".

Fue una reacción necesaria. La mayoría de los dirigentes de organizaciones poderosas purgaba "culpas" en las cárceles del Proceso y su capacidad de convocatoria estaba talada por leyes prohibitivas de la actividad. Más aún, el régimen ilegalizó un año antes a la CGT y las 62 Organizaciones Gremiales Peronistas.

Esas decisiones castrenses determinaron y marcaron a fuego el inicio de un sistemático acoso hacia el poder gremial. Su punto culminante se reflejó en miles de secuestros, torturas, desapariciones y muertes, que carcomieron los niveles superiores, intermedios, de encuadramiento y de base del movimiento obrero.

El gobierno de facto suspendió el derecho de huelga; intervino centenares de sindicatos; dictó una ley de prescindibilidad que autorizó la cesantía de cualquier agente público que incurriese en el "delito" de ser "real o potencial alterador del orden" y anuló la plena vigencia de la Ley de Contrato de Trabajo.

Sin embargo, de forma contraria a lo recitado, la estructura gremial no permaneció impasible al atropello. Hubo, sí, sectores comprometidos con un diálogo colaboracionista. Pero la respuesta de la mayoría del movimiento sindical fue de enfrentamiento.

Reorganizadas medianamente sus fuerzas, el gremialismo analizó la mejor táctica de combate, por supuesto condicionada a la razón de la fuerza que prevalecía.

En ese marco, mientras el general Horacio Liendo convocaba desde su usurpado despacho de la cartera laboral a "reencauzar errores y corregir abusos" y a restablecer una nueva relación entre gobierno, sindicatos y empresas, el 1º de marzo de 1977 vio la luz un grupo gremial representativo de organizaciones no intervenidas.

La llamada "Comisión de los 7" -integrada por Ricardo Pérez (camioneros), Juan Racchini (aguas gaseosas), Ramón Elorza (gastronómicos), José Castillo (conductores navales), Manuel Diz Rey (viajantes), Juan Serrano (neumático) y Demetrio Lorenzo (alimentación)-, elaboró un primer documento crítico.

Liendo se negó a recibirlo. Allí exigió, entre otras reivindicaciones, "la recuperación del poder adquisitivo del salario, la participación de los trabajadores en la determinación de los haberes, el levantamiento de la proscripción gremial, la normalización de la CGT y de los sindicatos entonces intervenidos y la libertad de los presos gremiales sin causa".

Una pavadita para la época. Es preciso reseñarlo, en especial para los cultores de la crítica permanente al movimiento obrero.

Aquel primer compromiso fue el puntapié de una batalla ininterrumpida del grupo gremial. Su composición, aunque cambiante, correspondió a organizaciones medianas y, en sus albores, lo integraron dos decenas de sindicatos, por lo que de manera transitoria se lo denominó "de los 20".

La primera mesa directiva fue conformada por representantes de los gremios de aguas gaseosas, alimentación, estatales, telegrafistas, conductores navales, camioneros, telepostales, papeleros, ferroviarios, gastronómicos, lucifuercistas, mineros, mecánicos, telefónicos y viajantes de comercio.

La progresiva caída del salario real -en los primeros seis meses de dictadura perdió el 40 por ciento de su valor-, provocó una ola de conflictos y huelgas que imprimió un marcado protagonismo al novato grupo. Su accionar era orientado por una cúpula llamada "de los 5" e integrada por Enrique Micó (vestido), Roberto García (taxistas), Carlos Cabrera (mineros), Ramón Baldassini (telepostales) y Fernando Donaires (papeleros).

Sin embargo, en su seno convivían diversas líneas internas.

Entre ellas, el grupo "de los 8", orientado por el papelero Donaires y, en otra vertiente, un jóven que había trabajado en el legendario frigorífico Lisandro de la Torre junto a Sebastián Borro y que comenzaba su escalada definitiva hacia la cúspide: el cervecero Saúl Edolver Ubaldini, luego emblema de la resistencia.

"Los 25" adoptaron entonces una decisión audaz. En 1978 fundaron el Movimiento Sindical Peronista (MSP), brazo político de su propia estructura que hizo las veces de las proscriptas 62 Organizaciones. Esa realidad fue apenas un sueño y, dos meses después de la "osadía" gremial, el régimen militar prohibió su actividad y no dudó en detener a 35 de sus dirigentes.

El MSP continuaría empero funcionando y se convertiría con el tiempo en sólido basamento de la corriente interna peronista Movimiento de Unidad, Solidaridad y Organización (MUSO), que lideró Antonio Cafiero al sobrevenir la decadencia militar.

En agosto de 1978 "los 25" sufrieron la primera gran división con el nacimiento de la "Comisión Nacional de Trabajo", cuyo núcleo principal fue la "Comisión de Gestión y Trabajo". Así, emigraron hacia la CNT Baldassini, Juan Horvath (estatales), Luis Etchezar (La Fraternidad), Lorenzo, Jorge Luján (vidrio), Diz Rey y el particular dirigente fideero y luego ministro de Trabajo radical de Raúl Ricardo Alfonsín, Hugo Barrionuevo.

El 27 de abril de 1979, año que marcó el comienzo de la ebullición sindical de forma definitiva, el movimiento obrero se lanzó al primer paro nacional contra el régimen depredador. Pocos días antes habían sido detenidos casi todos los integrantes de la "Comisión Nacional de los 25". La dirigencia tradicional continuaba engrillada y/o procesada. Veinticuatro horas antes de aquella histórica primera huelga general, ese contingente "revoltoso" permanecía detenido, entre otros Ubaldini.

No obstante la feroz represión, la protesta se cumplió. Las consecuencias fueron "ejemplares". El 3 de mayo el régimen decretó la caducidad de los mandatos de los caciques gremiales.

La transitoria unidad sindical, plasmada en agosto de 1979 en la "Conducción Unica de Trabajadores Argentinos" (CUTA), se evaporó de manera rápida hacia comienzos del año siguiente. Entre documentos de protesta y duras críticas a la gestión de facto, en diciembre de 1980 revivió la CGT en la figura de Ubaldini.

"Los 25", al igual que muchos otros sectores y corrientes gremiales, integraron entonces el consejo directivo de la entidad madre de tercer grado. Lo que continuó es historia conocida.

Aquel primigenio grupo de "los 25" enarboló las banderas de la lucha en uno de los más cruentos, sanguinarios y difíciles períodos históricos. Aunque no dejó de ser, en definitiva, otro de los tantos sectores que actuaron y actúan de manera coyuntural en la dinámica del tiempo y el espacio sindical.

Fuente Telam



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